lunes, 18 de abril de 2016

Autora: Analy Calderón.

Belarmino y el rastrillo

   Belarmino anda lento ya tiene muchos años, no sé si realmente trabaja en el parque, pues no posee uniforme, lleva en sus manos un rastrillo y una pala. Los demás  cuidadores lo gritan y lo mandan sin ninguna amabilidad, se enreda con las cuerdas que sirven de cerca para proteger las plantas. Me da la impresión que Belarmino es mudo, un cuerpo que solo se mueve lento, muy lento. Tanto como cuando cae una hoja de un árbol.
  ¿Dónde vivirá? ¿Habrá alguien que lo reciba cuando llegue a casa? .Si es que tiene un hogar.
  ¡Ay Belarmino! Cuanta intriga causas, paradoja me haces imaginar al abuelo que la muerte no me permitió conocer. Su figura me da nostalgia es como la del ingenioso Hidalgo y más aún la persistencia de su lento andar. Siento angustia, la vida acaba, los pasos se convierten en huellas efímeras y si las lleva el tiempo.
  Belarmino me hace recordar a Tota, a Abigail y a Casimirito y a tantos ancianitos solos moribundos.
  Y que más digo ante esto, supe de mujeres del África que recorren hasta veinte kilómetros todos los días a pie para buscar agua, y a veces regresan con las pimpinas vacías, como también supe que una hermosa sonrisa se dibuja en sus rostros cuando obtienen el preciado líquido.
  Y vuelvo a pensar en Belarmino
  ¿Dónde estás? Ya te has ido, le hablo al viento.
  Tal vez vuelva al parque para intentar hablar con él o al menos darle un abrazo, pues hoy ya no está.


No hay comentarios :

Publicar un comentario