Belarmino y el rastrillo
Belarmino anda lento ya tiene
muchos años, no sé si realmente trabaja en el parque, pues no posee uniforme,
lleva en sus manos un rastrillo y una pala. Los demás cuidadores lo gritan y lo mandan sin ninguna
amabilidad, se enreda con las cuerdas que sirven de cerca para proteger las
plantas. Me da la impresión que Belarmino es mudo, un cuerpo que solo se mueve
lento, muy lento. Tanto como cuando cae una hoja de un árbol.
¿Dónde vivirá? ¿Habrá alguien
que lo reciba cuando llegue a casa? .Si es que tiene un hogar.
¡Ay Belarmino! Cuanta intriga
causas, paradoja me haces imaginar al abuelo que la muerte no me permitió
conocer. Su figura me da nostalgia es como la del ingenioso Hidalgo y más aún
la persistencia de su lento andar. Siento angustia, la vida acaba, los pasos se
convierten en huellas efímeras y si las lleva el tiempo.
Belarmino me hace recordar a
Tota, a Abigail y a Casimirito y a tantos ancianitos solos moribundos.
Y que más digo ante esto, supe
de mujeres del África que recorren hasta veinte kilómetros todos los días a pie
para buscar agua, y a veces regresan con las pimpinas vacías, como también supe
que una hermosa sonrisa se dibuja en sus rostros cuando obtienen el preciado
líquido.
Y vuelvo a pensar en Belarmino
¿Dónde estás? Ya te has ido, le
hablo al viento.
Tal vez vuelva al parque para intentar hablar
con él o al menos darle un abrazo, pues hoy ya no está.
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