lunes, 18 de abril de 2016

Autora: Analy Calderón.

La persistencia del rito

   Con motivo de dar cuenta de lo ocurrido durante la Semana Santa, registre en el programa de misas y vía-crucis de la iglesia San Alejo de Boconó; que año tras año María de Jesús como colaboradora de la iglesia lleva a mi casa. Y decidí ir a la celebración del Nazareno.
   El miércoles de la semana santa asistí a la misa en la iglesia San Alejo, ese día es en honor a Jesús de Nazareno. Llegue a la iglesia a las cuatro de la tarde y no habían tantas personas, recorrí todos los pasillos, la misa empezaría a las cinco según el programa.
   Sin darme cuenta me senté cerca de un confesionario, lleve un par de libros y leía mientras comenzaban los actos; al rato de estar ahí un señor bastante entrado en años se acercó y me pregunto.
  ¿Usted sabe si el padre está en el confesionario?.
  Y le dije – No, esta más adelante y le señale la cola que debía hacer si quería confesarse.
  Y me contesto, Dios y la virgen no están ahí, primero me confesaré con Dios y luego voy a donde el padre, y sin son ni ton me dijo - Los que viven en concubinato están con el diablo y se marcho.
  Pensé si eso es así, medio país esta con el diablo.
  Deje de leer y comencé a observar todo el panorama. Un niño muy pequeño al pasar enfrente de un santo se persigno y salió corriendo, luego volvió un par de veces y miraba las velas fijamente, andaba vestido con una sotana morada.
  Las campanas emprendieron su sonata anunciando la misa.
  Cientos de personas con sotanas moradas llegaban y la cola para confesarse se incrementaba tras el paso de los minutos.
  Me levante y comencé a caminar de nuevo. Ocupe la séptima banca del centro a la derecha. La cantidad de mujeres de todas las edades era abrumadora y yo solo era una más.
  Una música suave de fondo unida al murmullo de las voces me hacía pensar en el final de los tiempos. Las caras del pueblo se congregaron a un acto de fe o ritual del que me sentí ajena. Durante mucho rato no vi rostros solo espaldas y cabello, no entiendo por qué nos damos la espalda y no la mirada.
  El redoble de las campanas continuó y la iglesia estaba hasta el copete, vi mucha gente descalza y ante el asombro pregunte la razón y es que se acostumbra a pagar promesas ante el Nazareno por alguna dificultad familiar o profesional, ya sea una enfermedad o poder graduarse.
  Comienza la Misa, los monaguillos todos de pie, el aroma a incienso impregna todo el templo.
  El diácono agradeció a las familias que colaboraron para la celebración del Nazareno un desfile de apellidos conocidos y desconocidos vagaron por mi mente.
  Salmo responsorial. POR TU BONDAD SEÑOR SOCORREME.
  En ese momento un anciano inquisidor me hizo brincar del susto, cuando en voz alta me dijo:- Siéntese bien, no cruce las piernas, viene puro a calentar el asiento.
   Le dije:- Así me quedo y no le hice caso, y pensé hay jueces en todos lados.
   Entro el padre vestido con una sotana morada,
   Lectura del Evangelio según San Mateo,
   El padre leía y explicaba, entre una de las tantas palabras que emitió dijo que el Rey Salomón tenía una enorme sabiduría y que hace dos mil años la palabra de Dios se hizo carne; hablo de Isaías porque éste tenía una lengua experta. Y en general hablo de la situación del país; aconsejo a la gente para que fueran mejores personas, tolerantes y que pensaran bien antes de emitir juicios, que el país amerita redención y la gente debe acercarse a Dios y a la iglesia.
  Termino la predica, música, gracias, el abrazo de paz, el cuerpo de Cristo, la bendición.
  Todo ocurrió con normalidad.
En fin, las tradiciones religiosas de cada año parecen seguir muy vivas en el alma de la gente. a pesar de la efervescencia de ese día, no me siento católica, ni practicante. Aún no se si creo en Dios me mantengo agnóstica, aunque no obstante respeto las creencias de cualquier persona.


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