lunes, 6 de junio de 2016



Instrucciones
la miro, la miro detenidamente, me detengo en la puerta y la observo ahí serena, dormida, sonrío y marcho.
Es tan callada -pienso mientras camino al trabajo- me gusta el silencio caluroso que me ofrece;aunque quisiera conversar de vez en cuando una noche, recostada sobre ella tomando un poco de vino, y fumado un cigarrillo sin que se moleste, a veces siento que con su silencio teje un hilo que sujeta mi cuerpo junto a ella en noches de pensamientos largos  y vagos que mueren al llegar la aurora, cada dia pienso en un tal vez, tal vez su silencio es ese amor que yo declaro sin que se de cuenta, tal vez un dia se lo diga y confrontare las dudas que sostengo de su amor por mi, esa certeza que me ahoga a diario.
De repente la extraño, siento que me necesita percibo su dolor cuando me alejo, ella es tan paciente incluso mas que yo, me espera todos los días en la esquina del cuarto, junto a la pared, marcho temprano del trabajo declaro sentirme mal he interrumpo mis actividades cotidianas para ir a verla, temo la toquen, la ensucien, siempre la mantengo limpia y cuando alguien la toca entonces la furia me posee no lo soporto y apresuro el paso de regreso a casa.
Cuando me regalan una cama desconocen mi alegría, yo la poseo a ella y ella a mi. A mitad de la noche me pregunto nuevamente, como todos los días si a ella le place tenerme a mi.

                          Gabriela Barreto



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