Poética
la desaparición de mi persona perdida en los
colores naranja, casi rojos del cielo, y la melodía que tocaba el viento que
rozaba el cuerpo desde el que miro.
Así fue como me perdí
en aquellas palabras del primer poemario que tocaban mis manos, que tocaban mis
ojos, que tocaba mi alma y entonces supe, que le pertenecía a ellas, a las
palabras,
esas hermosas alas que
me obsequiaban libertad, entonces supe no era bueno, no era malo, era algo
inagotable,
un hogar para el alma.
Era poesía...
Gabriela Barreto
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