lunes, 6 de junio de 2016

          Poética
 Como aquella tarde, en la que camino a casa me secuestro el sol ocultándose ya,
 la desaparición de mi persona perdida en los colores naranja, casi rojos del cielo, y la melodía que tocaba el viento que rozaba el cuerpo desde el que miro.
Así fue como me perdí en aquellas palabras del primer poemario que tocaban mis manos, que tocaban mis ojos, que tocaba mi alma y entonces supe, que le pertenecía a ellas, a las palabras,
esas hermosas alas que me obsequiaban libertad, entonces supe no era bueno, no era malo, era algo inagotable,
un hogar para el alma.

Era poesía...


                                                   Gabriela Barreto

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