Collage.
A
veces, toda esta vana búsqueda de la objetividad entorpece nuestra percepción
de los hechos.
Nos
hace apáticos y ajenos a cosas que pueden estar sucediendo al otro lado del
mundo, o una calle más abajo de la nuestra, pero que siguen estando plagadas de
dolor, que requieren atención y colaboración.
Una
guerra, un atentado… Todo resulta fácil de digerir cuando sirven en el plato
cifras y porcentajes, causas probables estudiadas por personas que
probablemente nunca han sentido el temor y la sofocación de un secuestro, o la
opresión de los más fuertes.
Se
nos ofrece un menú de magnicidios, infanticidios, suicidios y demás términos
profesionales para hacer referencia a muertes. En distintas cantidades y a
distintos grupos de la población, pero que continúan siendo muertes.
La
televisión y el hombre acartonado sólo saben de cifras, no mencionan el pánico
de la niña ante el asesinato de su padre, ni el dolor del hombre que buscaba
venganza.
Es
como si codificaran toda la información para ser comprendida y apenas asimilada
por otros hombres acartonados que también hablan con números.
La
apatía que esto genera en nosotros, protagonistas y espectadores de una
sociedad que se desmorona, es cómplice de los adultos que dictan las normas del
mundo, que no esperan de nuestra parte ningún tipo de reflexión o protesta.
Por
eso creo que es necesaria una bofetada como la novela histórica, donde se
cuenta la historia de cada uno de esos números (o al menos la que pudo ser) y
se le devuelve la humanidad que los informes le han robado.
Donde
no se juzga desde el prejuicio que se nos ha otorgado como verdadero, sino que
se conocen antes las razones de las personas para actuar, sin importar que para
un gobierno u otro sean terrorismo o profanación.
La
Región Vacía, como novela, es un collage sobre los atentados del 11 de
Septiembre a las torres gemelas del complejo World Trade Center.
Este
collage, si lo observamos desde la distancia, es la descripción de un hecho.
Pero
al acercarnos un poco ponemos notar que, más que la descripción de un hecho, es
el relato de los hechos dentro del hecho.
Al
fijarnos en secciones aisladas descubrimos distintas historias, de antes y
después de la tragedia, o del después y luego del antes. Conectadas por el
centro de todo; los atentados.
Cada
historia es tan humana como la otra. Sus protagonistas tienen temores, deseos,
sueños…
Sin
importar si pertenecen al bando “bueno” o al “malo” de la historia, porque
todos comparten algo: Son víctimas de quienes condenan a las masas con una
sonrisa en los labios.
Así,
al aproximarnos sólo un poco más, el collage cobra vida y comienza a ofrecernos
indicaciones, “toma un poco de aquí y únelo con lo de allá”, para comprender el
mensaje más importante:
Hay
vida después de la tragedia. Vale la pena seguir de pie, intentándolo. “El único
heroísmo consiste en no rendirse”. El collage de Marcia tiene razón.
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