viernes, 22 de abril de 2016

Autora: Mariana Briceño.


Collage.

A veces, toda esta vana búsqueda de la objetividad entorpece nuestra percepción de los hechos.
Nos hace apáticos y ajenos a cosas que pueden estar sucediendo al otro lado del mundo, o una calle más abajo de la nuestra, pero que siguen estando plagadas de dolor, que requieren atención y colaboración.

Una guerra, un atentado… Todo resulta fácil de digerir cuando sirven en el plato cifras y porcentajes, causas probables estudiadas por personas que probablemente nunca han sentido el temor y la sofocación de un secuestro, o la opresión de los más fuertes.

Se nos ofrece un menú de magnicidios, infanticidios, suicidios y demás términos profesionales para hacer referencia a muertes. En distintas cantidades y a distintos grupos de la población, pero que continúan siendo muertes.
La televisión y el hombre acartonado sólo saben de cifras, no mencionan el pánico de la niña ante el asesinato de su padre, ni el dolor del hombre que buscaba venganza.

Es como si codificaran toda la información para ser comprendida y apenas asimilada por otros hombres acartonados que también hablan con números.
La apatía que esto genera en nosotros, protagonistas y espectadores de una sociedad que se desmorona, es cómplice de los adultos que dictan las normas del mundo, que no esperan de nuestra parte ningún tipo de reflexión o protesta.
Por eso creo que es necesaria una bofetada como la novela histórica, donde se cuenta la historia de cada uno de esos números (o al menos la que pudo ser) y se le devuelve la humanidad que los informes le han robado.
Donde no se juzga desde el prejuicio que se nos ha otorgado como verdadero, sino que se conocen antes las razones de las personas para actuar, sin importar que para un gobierno u otro sean terrorismo o profanación.

La Región Vacía, como novela, es un collage sobre los atentados del 11 de Septiembre a las torres gemelas del complejo World Trade Center.
Este collage, si lo observamos desde la distancia, es la descripción de un hecho.
Pero al acercarnos un poco ponemos notar que, más que la descripción de un hecho, es el relato de los hechos dentro del hecho.

Al fijarnos en secciones aisladas descubrimos distintas historias, de antes y después de la tragedia, o del después y luego del antes. Conectadas por el centro de todo; los atentados.

Cada historia es tan humana como la otra. Sus protagonistas tienen temores, deseos, sueños…
Sin importar si pertenecen al bando “bueno” o al “malo” de la historia, porque todos comparten algo: Son víctimas de quienes condenan a las masas con una sonrisa en los labios.

Así, al aproximarnos sólo un poco más, el collage cobra vida y comienza a ofrecernos indicaciones, “toma un poco de aquí y únelo con lo de allá”, para comprender el mensaje más importante:


Hay vida después de la tragedia. Vale la pena seguir de pie, intentándolo. “El único heroísmo consiste en no rendirse”. El collage de Marcia tiene razón.

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