El cautiverio
Amanda Echegaray estaba
hambrienta y sedienta como todos los días, desesperada esperaba que de vez en
cuando la mediocre comida puesta en un plato para perros, pasara por debajo de
la puerta. Sus manos locas a puños tomaban la comida y se la llevaba a la boca devorándola
hasta saciar su hambre, pero nunca era suficiente.
Amanda ya no sabía cuanto
tiempo llevaba encerrada en esa habitación alejada de todas las demás, en esa
casa vieja. Ella no entendía porque había sido encerrada a ese claustro, muchas
veces había pensado que así sería la muerte una habitación vacía, húmeda, fría
y oscura. Sus cabellos llegaban hasta sus pies, fiel testimonio del tiempo.
Una vez a la semana el verdugo
de Amanda aparecía y abría la puerta lentamente, el chillido que generaba
dilataba la pupila de aquella pobre mujer y comenzaba a trepar por las paredes
y sin ningún logro volvía a caer al suelo. Ya no podía más....
Esa sensación horrible de pánico
se apoderaba de su cuerpo suplicaba al verdugo que no ocurriera otra vez, otra
vez no.
Sin piedad el horrible hombre,
de quien ella no conocía el rostro abusaba de su ser todo el día, le rompía la
ropa violándola por todos los orificios de su cuerpo una y otra vez. Amanda ya
no sabía si estaba en el infierno o en el reino del sadismo, lloraba
desconsolada sujetándose las piernas, deseando nunca volver a abrirlas y se
refugiaba en un rincón de la habitación hasta el otro día.
Amanda sabía que había tenido
un bebe y que había sido producto de esas terribles violaciones, una partera la
había atendido cuando dio a luz y el niño fue arrebatado de sus brazos al
nacer. Ella entro en profundos delirios y llamados inútiles.
Había pensado e intentado miles
de formas para escapar, pero ninguna dio fruto. En Amanda el odio se acrecentaba
cada día. Había jurado hacerlo si podía salir con vida antes de enloquecer por
completo. Planeó dejar de comer y devolver el plato igual como se lo habían
arrojado.
Tras aguantar aquellas hambrunas,
fingió desmayarse justo el día en que el verdugo volvía para abusar de ella una
y otra vez.
Éste tras haber encontrado el
cuerpo de Amanda casi sin signos vitales la tomo por los brazos y arrastrándola
por todo el pasillo, la llevo a otra habitación, la coloco encima de una cama; Ella
durante varios días fingió delirar. Una mujer muy anciana la cuidaba, después
de tanto tiempo Amanda pudo contemplar los rayos del sol atravesando por la
ventana; casi no tenía fuerzas y solo pesaba unos cuarenta kilogramos, parecía
salida de un campo de concentración Nazi. El verdugo no apareció durante unos días.
Amanda le pregunto a la anciana
que cual era el nombre del señor, la anciana evadió la pregunta y le dijo:
-Usted preocúpese por comer y
reponer fuerzas que está muy flaca y se puede morir.
Amanda -le dijo- Ya conozco la
muerte, tengo miedo de lo que pasa en vida. La grito y lanzando la bandeja al
piso, la sujeto por los brazos, diciéndole:
¡Maldita sea! No joda ¿Qué cómo
se llama el señor, el dueño de la casa? Nunca le he visto la cara responda, Y
la tomo por el cuello para asfixiarla obligándola a que le respondiera.
La anciana de un trancazo le
dijo: Roberto Echegaray.
Amanda quedo petrificada, no podía
creerlo. Gritaba y gritaba.
¡No, no es posible! No nunca, es
una locura, es mi padre es el hombre que me cargaba en sus brazos cuando niña,
que me llevo a la escuela que bailo el vals de mis quince años, esto es un
infierno ¡Maldición!
-Tras la muerte de mi madre
vivimos juntos la tragedia; no nos alejábamos. Jamás note una conducta rara, sólo
que no permitía que tuviera novio, decía que yo era de él, pero nunca lo tome
enserio.
-¿Dónde está mi hijo? sujetando
a la anciana de nuevo, ¿Quién lo tiene usted tiene que saberlo? ¿Cómo se presta
para estas atrocidades? Son unos monstros.
-Tengo que salir de aquí ahora mismo, necesito
encontrar a mi hijo. Ese desgraciado que me engendro tiene que pagar lo juro. Lo
mataré, lo mataré, así sea lo último que haga. Él no es mi padre es un demonio.
Amanda recordó que cuando tenía
catorce años su abuelo materno, la llevo a la habitación de él y le dijo:
- Amanda, ya te estas
convirtiendo en una mujer y quiero que sepas que la vida es muy hermosa y se
puede aprender mucho de ella, pero la maldad existe y debes estar preparada
para enfrentarla.
-Se acercaron a una pintura muy
antigua y el abuelo descolgó el cuadro. Y la miro a los ojos,
Le dijo - Esta arma ha
pertenecido a la familia durante mucho tiempo, si algún día crees que debas
tomarla hazlo pero solo por un motivo muy fuerte.
Amanda había olvidado casi por completo
aquellas palabras de su abuelo, pero en un chispazo de furia llegaron a su
memoria, ella no sabía nada del sitio donde se encontraba; llevaba años encerrada
pero incluso así, tomo la decisión de marcharse sin pensarlo dos veces, Salió
de ese tenebroso calabozo y comenzó a correr, casi sin fuerzas, luego camino
durante un rato y al poco tiempo pudo darse cuenta de que estaba en la ciudad
donde había crecido y un huracán de recuerdos estremecieron su alma, decidió ir
a la casa de su abuelo, al llegar se oculto detrás de un árbol, habían hombres
sacando muebles estaban haciendo una mudanza. Amanda reconoció a la nana que
había cuidado de ella se acercó corriendo, la nana la abrazo y asombrada le
pregunto:
- ¡Niña, niña! ¿Dónde ha estado todo este
tiempo? Su padre nos dijo que usted se marcho del país para estudiar tras la perdida
tan repentina de su madre, que en paz descanse.
-Eso ya no importa -¿Dónde está el abuelo?
Necesito verlo, rápido nana por favor.
-No sabes niña, él falleció hace dos años, nos
pareció extraño que usted no pudo venir eso me conto el señor Roberto.
-Tengo que acabar con esta
pesadilla, Amanda entro en la casa, las pocas cosas que quedaban estaban
cubiertas de sabanas blancas, ya no quedaba nada de lo que fue su familia. Subió al segundo piso entro a la habitación
que había sido de su abuelo, y allí estaba la pintura la descolgó, destapo el
pequeño cofre donde estaba guardada el arma la tomo la recargo y se marcho.
Salió corriendo sin decir ni
una palabra, volvió a repetir todo el trayecto hasta regresar a aquella cárcel,
espero varias horas escondida en unos arbustos, casi se dormía.
Llego un auto, y era el verdugo
se bajo de él, aquel hombre con él que Amanda había jugado tantas veces, se
había convertido en su peor desgracia.
De los ojos de Amanda ya no
salían lágrimas, corrió y lo intercepto por detrás, apuntándolo con la pistola
y le dijo:
-Hola papá o violador debo
decirte; si te mueves te mato maldito sádico. ¿Dónde está mi hijo? Responde.
-Está muerto, nació deforme y lo
maté, ahora te toca a ti la golpeó con su codo por el estómago, aquella pobre
moribunda cayo al suelo y se retorcía del profundo dolor, el verdugo tomo el
arma y de un solo disparo en la frente, acabó con su hija para siempre.
-Amanda Echegaray estuvo en
cautiverio durante seis años, tenía veinticuatro años de edad y físicamente era
muy parecida a su madre...
-El padre encaja en el perfil sádico
de personalidad, tras haber cometido incesto, violación, cautiverio y torturas
e infanticidio. Finalmente terminando en el asesinato.
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