martes, 22 de marzo de 2016

Autora: Mariana Briceño.


Mientras espiaba por el ojo del cerrojo.

 Imprescindible es, aprender a no vivir pensando siempre en el pasado, si progresar en cualquier oficio se desea.
 Dar un vistazo rápido no estará nada mal, ni estudiar el pensamiento brillante de las mentes que nos precedieron.
 Pero es muy importante descartar el erróneo pensar de que todo tiempo pasado siempre fue mejor.

 Al menos eso aprendió Gil, después de atravesar la barrera del tiempo, charlar con quienes para él, fueron los protagonistas de la mejor época para el arte, y desear con fervor quedarse allí indefinidamente.

 ¿Que cómo despertó de su letargo? Fue simple, incluso irónico. La lucidez acudió a él mientras espiaba por el ojo del cerrojo en la puerta al pasado. Lo que vio le produjo un poco de incredulidad al inicio, pero luego vino la resignación.

  Una mujer de la época de picassos y dalís, cuya presencia era el centro de todo y que, al igual que él, lanzaba suspiros al aire mientras veía a través del cerrojo de una puerta –aún más antigua- cómo los artistas de La Belle Époque discutían sobre cuán maravilloso fue lo anterior a su presente.

Parece pues, algo constante entre algunos pintores y escritores, ese sentimiento de nostalgia por lo ya acontecido y la afirmación de que todo tiempo pasado ha sido mejor.

Pero para Gil y para quienes hemos presenciado su revelación, resulta gratamente esclarecedor: Si lo que deseamos es crear una obra, y no plagiar el pensamiento de otra época, es de suma importancia explotar lo que acontece a nuestro alrededor, comprender que el momento ideal ha sido siempre el día de hoy.

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