martes, 28 de junio de 2016

Autora: Mariana Briceño.

Dos minicuentos para la crisis.

I

En el Palacio de Miraflores, el Presidente de la República ha adquirido una extraña costumbre que realiza con afán religioso cada día.

Comienza tempranito, a las 6:00am, cuando el sol aún no ha dado la cara (si a las 6:00am usted ya ve el día amarillo, recuerde el reciente cambio de horario, así que adelante su reloj media hora y cuídelo bien, porque el hampa, a diferencia de la administración pública, trabaja de lunes a viernes, y hasta hace horas extras los fines de semana).
Ordena capturar y enjaular a cuanto pajarito chiquitico pasa incauto y, acto seguido, procede a evaluar a cada una de las asustadas aves. Les silba, les habla: -Comandante, ¿es usted?

Hace ya una semana que inició con esto, y entre los testigos hay quien dice que la moringa de Diosdado lo enloqueció. Otros, los más fieles al legado, piensan que está más cerca que nunca de conseguir al fulano pajarito que nos va a sacar de esta crisis.
 Sólo comentan con discreción, entre ellos, que dada la naturaleza del comandante, debería comenzar a buscarlo entre zamuros.


  
II

Éste era un bus que, como todos los buses, era alto y espacioso, pero ante la impertinencia y ambición del chofer, se vio reducido a mera lata de sardinas andante (de esas que ya no se encuentran, con más sardina que aceite).
Como se imaginarán, adentro no había separación entre el final de un cuerpo y el inicio del otro. Así que cuando comenzaron a quejarse del nauseabundo olor (una mezcla de todo lo que puede oler mal en una persona), nadie sabía realmente de dónde provenía.

El alto culpaba al bajo, el joven al anciano, la mujer al hombre, el niño al adulto. Los insultos eran de lo más variados: cerdos, chigüires, cachicamos, zorrillos, aseo urbano, chavistas, escuálidos… No quedó un animal sin mentar.

Finalmente, un hombre de aspecto descuidado rompió en llanto. “Soy yo, soy yo, desde hace cinco días me baño sólo con agua porque no encuentro jabón”. Ni jabón, ni comida… Esta confesión parece haber tocado el corazón de las personas; ese martirio, tan conocido por el venezolano de hoy, los hizo seres empáticos que reaccionaron no con burlas sino con comprensión y apoyo.

En La Viñeta, Nicolás Maduro se despertaba tembloroso de una pesadilla. “Las personas aceptaban sus culpas y comprendían las ajenas, estaban unidos. Cilia, era terrorífico”.
Cilia, enojada, lo sacaba de la cama. Pues, como es bien sabido, si duermes como bebé es probable que también despiertes como uno: necesitando un cambio de pañales.


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