martes, 5 de abril de 2016

Autora: Adriana Castellanos.


La noche de la sombras

La lluvia golpeaba suavemente el techo de la casa, haciendo que las gotas provocaran un ruido bastante molesto al chocar en el zinc, el viento movía los árboles, sus ramas se movían fuertes de un lado.
Las sombras que entraban por la ventana formaban terroríficas figuras en la oscura habitación. Williams despertó de su sueño al oír una rama golpeando la ventana y sentado en su cama veía esos reflejos en su pared. Miro la hora, el reloj marcaba las “3:00 am”, ha escuchado tanto sobre como los adultos denominan esta hora, miro las figuras que hacian las ramas en las sombras de las misma, por alguna extraña razón no podía dejar de verlas, de vigilarlas. Se decía a sí mismo “no tengas miedo es solo el reflejo de los arboles, no hay nada que temer son solo sombras”.
Pero porque no podía dejar de verlas, porque el viento susurraba su nombre, porque esa figura en la pared lo llamaba hacia ella. La curiosidad fue más fuerte que el miedo, se levantó de la cama y en una especie de trance caminó hasta la pared.
La figura empezó a tomar forma, ya no eran simples reflejos, las ramas empezaron a tomar forma de brazos que lo llamaban, la sombra del tronco tomó forma del resto del cuerpo, que cubrían casi toda la pared, era un ser gigante susurrando el nombre de Williams. Este se acercaba muy lentamente, paso a paso, trataba de resistirse con todas sus fuerzas, pero algo lo acercaba cada vez más a la sombra, no podía controlar su cuerpo.
La figura se puso a su altura, como mirándolo a los ojos, el intentaba gritar pero de su boca no salía ningún tipo de sonido.
La sombra se despegó de la pared y se abalanzó hacia Williams ahorcándolo y golpeándolo contra las paredes de la habitación éste paralizado sin poder moverse ni provocar sonido alguno empezó a quedarse sin aire y se desvaneció entre esas manos que lo estrangulaban sin parar.

La alarma sonó marcaban las “07:00 am”  Williams se despertó en su cama muy agitado y cubierto de transpiración “solo fue un sueño” pensó mientras se dirigía al baño para arrancar su día. Al verse en el espejo quedó petrificado viendo como en su cuello estaban marcadas esas gigantes manos.

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