La noche de la sombras
La
lluvia golpeaba suavemente el techo de la casa, haciendo que las gotas
provocaran un ruido bastante molesto al chocar en el zinc, el viento movía los
árboles, sus ramas se movían fuertes de un lado.
Las
sombras que entraban por la ventana formaban terroríficas figuras en la oscura
habitación. Williams despertó de su sueño al oír una rama golpeando la ventana
y sentado en su cama veía esos reflejos en su pared. Miro la hora, el reloj
marcaba las “3:00 am”, ha escuchado tanto sobre como los adultos denominan esta
hora, miro las figuras que hacian las ramas en las sombras de las misma, por
alguna extraña razón no podía dejar de verlas, de vigilarlas. Se decía a sí
mismo “no tengas miedo es solo el reflejo de los arboles, no hay nada que temer
son solo sombras”.
Pero
porque no podía dejar de verlas, porque el viento susurraba su nombre, porque
esa figura en la pared lo llamaba hacia ella. La curiosidad fue más fuerte que
el miedo, se levantó de la cama y en una especie de trance caminó hasta la
pared.
La
figura empezó a tomar forma, ya no eran simples reflejos, las ramas empezaron a
tomar forma de brazos que lo llamaban, la sombra del tronco tomó forma del
resto del cuerpo, que cubrían casi toda la pared, era un ser gigante susurrando
el nombre de Williams. Este se acercaba muy lentamente,
paso a paso, trataba de resistirse con todas sus fuerzas, pero algo lo acercaba
cada vez más a la sombra, no podía controlar su cuerpo.
La figura se puso a su altura,
como mirándolo a los ojos, el intentaba gritar pero de su boca no salía ningún
tipo de sonido.
La sombra se despegó de la
pared y se abalanzó hacia Williams ahorcándolo y golpeándolo contra las paredes
de la habitación éste paralizado sin poder moverse ni provocar sonido alguno empezó
a quedarse sin aire y se desvaneció entre esas manos que lo estrangulaban sin
parar.
La alarma sonó marcaban las
“07:00 am” Williams se despertó en su cama muy agitado y cubierto de
transpiración “solo fue un sueño” pensó mientras se dirigía al baño para
arrancar su día. Al verse en el espejo quedó petrificado viendo como en su
cuello estaban marcadas esas gigantes manos.
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