sábado, 9 de abril de 2016

Autor: Ediover Barreto.

La niña.

La niña de la calle 11, se despide triste y hambrienta de cariño,cariño que no tiene, que no tuvo,que no tendrá, cariño utópico de su padre,padre que abandona sin razón, en una noche llena de agotada claridad,donde todo está en tinieblas, lleno de sombra y ceniza, agonizando en el despertar de un sueño, o en lo que parece ser un sueño, nada de lo que se creía era, nada de lo que ella veía era la realidad, estaba sujeta al oscuro pasado, la niña toma su camino,desamparada y solitaria, ajena a sus deseos y embriagada de temor, terror, terror de que la humedad fuera su enemiga, de que la noche la resguarde en su vientre de hipocresía y dura amargura de querer, de hacer lo que no se debe,de tener la maldad como aliada sin darse cuenta,buscar sus pulgares, buscar su cristal, sentir que muere lentamente al probar la seducción natural y el terror, amenaza,amenaza de misterios, emociones y angustia misteriosa de su creador, creador lleno de deseo y horror. Los caníbales salen de las paredes negras y sucias,sienten la presencia del que puede ser demonio, horror que desnuda sin pensar, se vuelve implacable, monstruos verdes derraman sus pasiones con ojos que respiran, respiración de noche ahogada, satisfacción de cementerio y de muerte, niña que grita y que sufre sin saber por qué sufrió y su alma vaga persigue el perdón, a lo que es el vientre y la vida de su creador.

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